Viernes 4 de septiembre 2026

Dios que gozo es saber que tú nos conoces, tal y como somos. Con todas nuestras flaquezas y defectos y aun así, te quedas a nuestro lado. ¡Que maravilla tu amor, que tanta misericordia derrama! Gracias por llamarnos a pertenecerte. Gracias por ayudarnos a permanecer en ti. Gracias por la certeza de que nada nos puede apartar de ese amor. Nos paramos en la brecha y le decimos al alma: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Gracias por la seguridad de victoria que hay en tu nombre. Hoy te pedimos intervengas en toda petición que levantamos a ti. Déjanos sentir tu abrazo de consuelo, danos fuerzas y restaura nuestra vida. Con tu amor y tu gracia envuélvenos. Te rogamos Espíritu Santo que nos inundes de paz y sabiduría. Permítenos escoger siempre las respuestas que tú darías, la actitud que tú, Jesús, tomarías ante cualquier situación. Gracias por cuidar de nosotros. Gracias por no abandonarnos. Gracias por tener planes de bien y propósitos más altos que los que podamos nosotros imaginar. Lo sabes todo. Guardamos ahora silencio ante tu Majestad y autoridad. Confiamos y creemos. Oramos con certeza de ser escuchados y amados; en el nombre de Jesús, amén.

¿Qué podemos decir acerca de cosas tan maravillosas como estas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién podrá ponerse en nuestra contra? Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios.  Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor. Romanos 8:31-39

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