Gracias Dios bueno, por la oportunidad de levantarnos y revitalizar nuestro cuerpo para un nuevo día. Perdona nuestro pecado y torpeza. Perdona nuestra ansiedad por recibir y nuestra dejadez al buscarte. Gracias por tu amor que va más allá de todo lo que podamos entender. Tú conoces todo de nosotros, las luchas internas, los temores, nuestros defectos y heridas, y aun así, te complaces en bendecirnos. ¡Gracias por tu amor y misericordia! Espíritu Santo haz que con tu calor y poder podamos enfrentar cada una de las situaciones y circunstancias en las cuales estamos y luchamos. Solo con tu intervención, con tu intercesión y tus fuerzas podemos pasar a la otra orilla. Queremos que seas nuestro único guía. Acallamos los pensamientos de autosuficiencia y miramos al cielo buscando dirección, Señor. Gracias por lo presente, gracias por lo que ya tienes preparado para nosotros. Nada nos podrá separar de tu amor. Y si caemos, Jesús, levántanos, ayúdanos a sacudirnos del marasmo y los enredos de la vida y empújanos a caminar contigo. Permite que hoy podamos agradecer ese amor inagotable y perfecto que nos das. Infunde en nosotros, (de manera permanente), las promesas de que somos tuyos, que tienes cuidado de nosotros y que nada nos podrá separar de ti. Oramos en tu amoroso nombre, Jesús, amén.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:38-9

